GRANJA DE LAS SALINAS DE ULLO

Impresiona observar lo que pudo ser aquello hace dos siglos si observamos la magnitud de las ruinas. Resulta increíble ver las enormes lareiras y hornos de las cocinas y de otras salas. Podremos observar también un pozo y restos de canalizaciones para algún trabajo relacionado con la sal.

Cuando sube la marea la tierras bajas se inundan pasando a formar parte de la ría. Por eso fue, que en 1637 se aprovechara la bahía para crear unas grandes salinas. Se construyeron casi 1 km de dique para contener las aguas saladas. El gran dique de ensenada que cerraba la bahía tiene una longitud de casi 340 m y tres de alto. Todos estos muros estaban construidos en mampostería de granito pertenecientes a canteras cercanas. Estaba provisto de pequeñas compuertas para el agua de la pleamar que alimentaban con su fuerza los rodicios de un molino de mareas.

El hombre ha utilizado la sal desde tiempos inmemoriales. Ya los fenicios conocían sus propiedades y ya era grande su comercio con otras tierras del mediterráneo. Los romanos también dejaron muestra de estas explotaciones a lo largo de la costa gallega. El uso de la sal en siglos anteriores era fundamental para el transporte y conservación de muchos alimentos que se transportaban hacia otras partes de la península. La extracción de las sales de la mar se extendió hasta nuestros días, aunque la aparición de grandes depósitos fósiles de sal más fácil de extraer y la proliferación de productos químicos relegaron este método a un segundo plano.

