ALDEA DE ARUFE
04.08.2023
En Arufe no vive nadie desde hace 35 años y las casas se caen. Pero el lugar es muy visitado, sobre todo, por extranjeros

Es un paseo fácil, por un camino que se nota bien transitado -pasa una ruta de senderismo por ahí- donde los árboles no dejan pasar el sol. A los pocos pasos, la colección de casas abandonadas empieza a hacer aparición. Y ese áurea mágica que algunos atribuyen a Arufe se vislumbra entre hórreos de piedra singulares -por algo es tierra de canteros-, un bosque donde los acebos y sus encarnados frutos lucen con primor o en medio del silencio absoluto, solo roto por el chirriar de las puertas de la única casa que todavía las conserva en su sitio.

La aldea, a día de hoy, después de más de treinta años sin vecinos, ya no tiene ninguna plaza o espacio que permita imaginar cómo era antes el núcleo. Los restos de las casas aparecen salpicadas en medio de la maleza. Quizás sea esa magia de Arufe, quién sabe, pero esa escena que debería acercarse al feísmo, tiene un bonitismo descomunal.
En una de las viviendas, ya sin tejado, puede verse desde el antiguo fregadero de piedra hasta un váter primitivo con tapa de madera maciza o el agujero en el suelo que comunicaba con la cuadra y por donde uno imaginaba que bajaba la comida para los cerdos. También se pueden ver en algunas ruinas los antiguos hornos... y hasta resiste alguna pota vieja de porcelana que a saber qué hambre habrá saciado cuando aún tenía vida.

Si uno se deja envolver por Arufe, si baja y sube por los caminos, si husmea entre las casas, se acaba dando cuenta de que, aún vacía, la aldea guarda la esencia de una Galicia que se va apagando. En al menos dos viviendas, como si quisieran resistir al envite del tiempo y el abandono, aún lucen bonitas dos lareiras. Además, el bosque de Arufe es de los de acebos, carballos, castiñeiros, toxos y xestas. Es, en realidad, como una cápsula del tiempo.
Visitantes de distintos puntos de España describen la emoción que les supuso toparse con un paisaje verde tan puro. Algunos extranjeros califican la aldea y su entorno de maravilloso. Todos quieren volver a Arufe. Normal. Lógico.
